Aquí casual, caminando los pireneos
- Tere Jimenez

- 7 oct 2022
- 2 Min. de lectura
1era etapa del camino: St Jean Pied du Port- Roncesvalles
Una de las razones para empezar el camino desde Francia era mi ilusión de poder caminar en los pireneos. Afortunadamente todavía estuve a tiempo de recorrer la ruta Napoleónica, ruta por la cual Napoleón llevó a sus hombres para atacar España. Y después de la caminata de ayer tengo mucho más respeto por sus estrategias de guerra y su coraje en esas conquistas.
El camino no fue fácil, subir 1400mts y recorrer 25km (que resultaron ser 27 pero ¿quien cuenta?), sonaba retador e interesante pero una vez al pie del camino, más bien sentí nervios al ver lo que me esperaba.

Conforme fui caminando, me encontré con peregrinos de varias nacionalidades, edades, ideas, motivos, velocidades... pero todos con un fin común: conquistar la subida. Cada uno íbamos a nuestros propio ritmo, por lo cual coincidí con algunos en algunos momentos del camino, compartimos por un tiempo y después cada quien siguieron a su ritmo. Nos encontrábamos de momento y nos volvíamos a separar, sin saber si nos volveríamos a ver, pero no importa, nos acompañamos el momento que teníamos que acompañarnos.
Y me hizo pensar en que así es la vida, hay gente que llega para quedarse y otros que no, pero a veces nos aferramos tanto a esas personas que cambiamos nuestro ritmo, nuestra meta solo para no tener que seguir a solas el camino. Y me di cuenta que esos momentos de soledad en el Camino también fueron exquisitos
Los paisajes indescriptibles, los olores, los colores, las sensaciones serían difíciles de describir en unas líneas ya que no haría justicia de lo que esa subida significo.
Me sentí tan pequeña y frágil en esa grandeza, una invitada a admirar la belleza que la naturaleza ofrece.
Ya se que suena muy romántico y lindo, pero también hubieron momentos que pensé en hacerme bolita para rodar para abajo empezar en la salida y mejor llamar un uber. Pare de sufrir! En especial en una inclinación que eran sólo curvas y curvas que no parecían tener fin y solo subían y subían y mis piernas parecía que no daban para más. Cuando creías que era la última curva y subida, aparecía otra curva más empinada que la anterior. La historia sin fin. Me recordó cuando éramos niños y nos llevaban mis papas a Acapulco por aquella interminable carretera, cuando nos aburríamos le preguntábamos a mi papá la eterna pregunta ¿Cuánto falta? Y recuerdo mi papá nos respondía: "Fíjense si después de la próxima vuelta pueden ver el mar".... y eso no sucedía, nos decepcionada pero también ilusionaba esperar a la siguiente curva. Así que entre tanta curvas y subidas la ilusión que fuera la última me hizo llegar hasta la cima sin notarlo, bueno sí lo noté en el cansancio de las piernas, no voy a mentir. Pero sea lo que sea, queda la ilusión de la siguiente curva para lograr ver la meta
MaJA








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