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Duelo suspendido, ¿Tengo una pérdida o no?

  • Foto del escritor: Tere Jimenez
    Tere Jimenez
  • 29 jul 2020
  • 5 Min. de lectura

Después de 4 meses encerrada en casa, sin salir, sin ver mas que a mi papá ocasionalmente los domingos, me empiezo a preguntar cómo están las cosas allá afuera, si lo que fue real en algún momento sigue siendo real en el ahora. Escucho noticias y sucesos que me cuentan los amigos, pero los siento lejanos, como si pasaran en otro país, en otra época, mi mundo se redujo a las cuatro paredes a mi alrededor.

Hace ya unas semanas que una amiga muy querida se mudo a vivir a otro país. Por el confinamiento no tuve oportunidad de despedirme de ella, ni la vi partir, ni me despedí. Para mi la vida seguía normal, nos seguimos escribiendo en whatsapp, el comentario ocasional en facebook y demás. Para mi no había habido ningún cambio. Esté dónde esté, yo solo puedo saber de ella a través de la tecnología. Sin embargo ayer en un grupo de amigas que tenemos hizo un comentario sobre "la última vez en mi casa" y esto me llegó hasta el alma. ¿Cómo que última vez? ¿Es que ya no estás en tu casa? y como balde de agua fría me cayó la realidad de las cosas, ella ya está en otro país y no me pude despedir de ella. Lloré y lloré como si en este momento ella se hubiera ido, y no hace semanas como fue en realidad. Fue en este momento donde sufrí la pérdida de su presencia.

Me vinieron muchas emociones al mismo tiempo. Enojo, que por culpa del bicho no haya podido ir a verla, y enojo conmigo misma por no haber tomado el riesgo de despedirme, de haberla visto antes de que se fuera, pero al mismo tiempo siento que hice lo correcto al quedarme en casa, lo cual me genera la división entre sentirme mal por lo que hice y sentirme bien por haberlo hecho. Tristeza, que ya no será igual, y no la podré ver por un rato, sin embargo tampoco estoy viendo a nadie, entonces no se si es tristeza sólo por no verla a ella o por no ver a nadie y a veces sentirme sola. Confusión de saber que ya no está, pero tampoco tengo forma de comprobar si está o no, porqué no la vi, no he visto su casa ya sin ella, no he podido salir y notar su ausencia física. Todo esto me revuelve y me hace dudar, si que esté a 15 km es lo mismo que 9000 km... ¿Qué es real y qué ya no lo es?

Toda esta confusión que no me dejó dormir, me llevó a recordad un webinar que tome hace unos meses con la Psicóloga Carmen Vázquez, "Espérame en el cielo". En él, mencionó el Duelo suspendido, tal como lo llamó ella.

Para empezar a entender tenemos que hablar de lo que es un duelo y la diferencia con una pérdida. La pérdida es algo que nos sucede cotidianamente, algo físico que no representa una carga emocional, por ejemplo hoy perdí la oportunidad de hacer yoga por levantarme tarde. No me genero ningún conflicto emocional, si bien me sentí mal por no haber realizado la actividad, fue un hecho pasajero sin mayor repercusión en mi vida, ni un sentimiento de vacío. Si esa perdida lleva una carga emocional, entonces ya se habla de duelo. Comúnmente asociamos el duelo con la muerte, cuando en realidad después de cualquier perdida significativa y emocional vivimos un duelo: ante la perdida del matrimonio y la inevitable separación se vive un duelo, ante la perdida de trabajo y cambio en actividades se vive un duelo, ante la perdida de una amiga que se va a otro país y ya no veré como antes, se vive un duelo.

En la situación en las que vivimos, este duelo se vuelve de cierta forma irreal ya que no hay una continuidad en el proceso. Es decir, no hay forma de asegurar que realmente hay una pérdida, ya que no pudimos cerrar el ciclo con la persona o con el evento en cuestión. En el caso de la pérdida de vida, al enfermo se lo llevan al hospital, no hay forma de acompañarlo, no hay forma de verlo antes de que muera, no se llevan a cabo los procesos ni los rituales de despido que normalmente nos hacen ir aceptando poco a poco la circunstancia, lo único que el doliente sabe es que sigue en casa y la otra persona no está, pero tampoco lo vio partir de este mundo con sus propios ojos. El doliente puede estar en un lugar de confusión al no entender que ha pasado, como ha pasado, y más difícil aún cuando tienen que enfrentar este momento solo ya que no hay a quien recurrir al estar todos aislados. En mi caso, no fue una muerte física como tal, pero así me sentí, no me había percatado que ya no está realmente porque de todas maneras no la veía desde marzo, mas que en pantalla, no entendí la situación ya que no la vi partir con mis propios ojos, ni de manera presencial me despedí de ella, y eso me impidió corroborar que ya no está más en este país. Me tomó varias semanas asimilar su partida, y aún así sigue el juego en mi mente dudando de una realidad que no pude vivir. El estar sola,no me da la oportunidad de compartir mis sentimientos, pensamientos o dudas con nadie, lo cual me hace contarme yo mi propia historia si oportunidad de corroborarla con nadie.

Sin embargo, hoy que me enfrento a la realidad de la pérdida, y sólo asimilándola y volviéndola existente puedo comenzar a trabajar en aceptarla. Al aceptarla, empiezo a vivir mi proceso de duelo y todo lo que conlleva estar en ese túnel donde a veces creemos no hay luz al final. La adaptación y la aceptación a la nueva realidad vendrán después, al salir y no poderla ver físicamente cerca de mí, eso ya será trabajo para más adelante. Por el momento, en mi día y realidad presente, me concentraré en vivir mi duelo, aceptar y dejar fluir mis emociones, y compartir, a través de escribir esto, lo que siento, por otro lado busque apoyo emocional con un grupo de amigas que me ayudan a reafirmarme.

Me di cuenta que no hay necesidad de vivir esto sola, él compartirlo con alguien me da la oportunidad de contar la historia completa, sin dejar historias a medias que se superponen y dejan de hacer sentido; él dar continuidad al relato me facilita entender la realidad de las cosas y enfrentarla: Sí sufrí una pérdida, sí me duele y sí puedo trabajarla con ayuda y acompañamiento de otros.

Las lagrimas compartidas siempre saben mejor.

 
 
 

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