¿Dónde te tocó vivir este aislamiento?
- Tere Jimenez

- 21 jun 2020
- 8 Min. de lectura
Lo que al principio iban a ser 15 días o una cuarentena, se ha alargado de forma considerable, minando la moral de muchos, ya sea que estemos pasando el tiempo acompañados o completamente aislados del exterior.
Esta crisis nos ha encerrado en nuestras propias vidas mientras el exterior se vuelve inseguro e incierto. Para algunos, esto ha supuesto quedarnos absolutamente solos, y en algunos casos esta soledad parece más profunda que antes de la pandemia,mientras que para otros ha implicado la proximidad constante de sus familiares, dejando poco espacio personal. Sea cual sea la situación que nos ha tocado vivir, ambas tienen sus pros y sus contras.
Los que están en familia se han encontrado con que es una convivencia constante y tienen que compartir y hasta ceder el espacio de forma constante, lo cual no siempre es fácil. Cada miembro tiene responsabilidades y actividades que deben ser alternadas o bien compartidas con los otros miembros. Se pierde un poco la individualidad y el espacio personal. Si a esto le añadimos el estrés de la situación actual, el miedo al virus, las nuevas actividades y responsabilidades para con los niños, la pareja, los padres... Esta etapa de encierro puede volverse caótica. Sin embargo también puede ser una oportunidad de cambio y comienzo. Una de las primeras tareas es que cada miembro tiene que reconocer que probablemente los otros no lo estén pasando nada bien a su vez, y asi ser mas compasivos con el actuar de los otros, concentrarse en lo que les mantiene juntos, más allá de ver cada detalle que no funciona. Para entender mejor cómo se siente el otro, la comunicación juega un papel primordial. Pueden programarse reuniones familiares en donde cada uno de los afectados exponga su sentir y tratar de encontrar soluciones o compromisos que convengan a todos. Esta también es una oportunidad de ser más creativos y crear nuevas formas de hacer las cosas. Pueden ir innovando en su hacer y probar en familia para que puedan ir viendo que les sirve y que no. Un ejemplo podría ser hacer la cena juntos, en donde los niños se sientan incluidos en la actividad y orgullosos de hacerlo, juegos de mesa una vez a la semana cambiando el juego una vez por turno donde cada miembro dice que le gustaría, hacer una reunión de agradecimiento donde se agradezcan los unos a los otros por detalles que en el día o semana hicieron... La lista puede ser muy grande, cada familia sabe que necesita o que le serviría para un buen funcionamiento. Aquí no hay normas ni formas a seguir sobre lo que una familia "debería de hacer", es su oportunidad de reinventarse y descubrirse como grupo, tomando lo que mejor les sirva y creando sus propias reglas.

Por otro lado, están aquellos que se encuentran completamente aislados, como es mi caso, que me tocó pasar la cuarentena sola en compañía de mis perritas. Al principio fue poner un alto a todas mis actividades, quedandome a la expectativa de lo que pudiera pasar, pero me senti comoda, era lo que necesitaba para volver a reagruparme y regresar con más orden. El aislamiento puede ser más llevadero si desde antes de la pandemia ya sabíamos vivir estando solos y no suponía una carga, y yo siempre he sido muy celosa de mi espacio y mi tiempo. Si bien el vivir solo ha sido mi decisión, el encontrarme de repente aislado por completo del exterior, es otra vivencia completamente diferente que en algunos casos puede generar sentimientos de soledad. Y más aún cuando este confinamiento se ha alargado tanto y no parece tener fin, lo que me parecía emocionante y novedoso, se ha vuelto tedioso. Si a todo eso le añadimos que en general se publican muchos artículos, recomendaciones, y de más sobre el cómo pasarlo en familia, cómo hacer con los hijos, cómo convivir mejor; el sentimiento de soledad en algunos momentos ha llegado a acentuarse. Lo más duro de mi aislamiento ha sido por momentos la falta de contacto físico: un abrazo, una palmada reconfortante, un apretón de manos en los momentos difíciles, con quien desahogarse, crear y compartir, es más hasta tener a alguien con quien discutir. Sentir la presencia de otra persona frente a mi. Los seres humanos estamos acostumbrados a estar en relación con otros, a confirmarnos a través del otro, y vivir en aislamientos nos impide esa validación.
No he salido en absoluto, ni para hacer las compras, decisión personal que afortunadamente he podido mantener. Eso supuso para mi otro cambio radical, siendo que estaba acostumbrada a salir a correr, a despejar mi mente en el parque, y si bien corría sola, me sentía acompañada por otras personas que compartían mi mismo gusto o sufrimiento, no se bien a veces cúal era la palabra. De alguna forma me veía reflejada en ellos. Y ahora me encuentro haciendo ejercicio en casa, sola, sin poder compartir de forma directa o indirecta mi sensación, sin encontrar esa validación; a veces he tenido la oportunidad de participar en eventos en línea, a veces motivada a través de mensajes de un grupo de amigas que estamos haciendo las mismas rutinas, sin embargo sin nadie a mi lado que me vaya retando y alentando. El platicar con otros a través de una pantalla, me reconforta, sin embargo no siempre llena ese vacío de cercanía, de cierta forma a veces me pasa que mi mente no distingue si la otra persona es real o no, me acerco o me separo de ellos.
Esta soledad, hace que mi mente esté en continuo movimiento con miedos, incertidumbres, angustias... Al no tener con quien compartir estos pensamientos, se quedan rondando en mi cabeza, sin tener respuesta, sin encontrar otro punto de vista, simplemente como espiral dando vueltas y vueltas sin llegar a un fin. Al dejar mis temas abiertos e ir abriendo más a cada momento mi mente se vuelve una telaraña donde nada es claro, y mis predicciones de lo que puede pasar son siempre peores de lo que en realidad sucede. Esto me lleva por momentos a pasarla muy mal emocionalmente, y pasarlo sola; a sentirme drenada de energía por todos esos pensamientos negativos que no tienen un alto. Perdiendo a veces el sentido sin tener quien me regrese al camino, ya que no tengo en donde vaciar mi jarra emocional cuando ya está casi llena.
Sin embargo me he dado cuenta también que esto es solo por momentos, que en general he podido disfrutar ampliamente de mi confinamiento estando sola, ya que no me siento sola. Tengo más independencia y autonomía en el cómo quiere vivir mis días. He podido enfocarme en hacer nuevas cosas, en lo que venía posponiendo por falta de tiempo, inseguridad o simple dejadez, y ahora he decidido intentar, como escribir mi blog. Me encuentro con que mi agenda depende de mí y lo que decida yo hacer cada dia: mis horarios, mis motivaciones, mis actividades, mis tiempos de ocio, el cómo decido pasarlo es algo que es completamente mi decisión. Me estoy dedicando más tiempo a mí, esto ha sido una maravillosa oportunidad de introspección, de consentirme, de escuchar realmente lo que quiero y necesito, me escucho más claro sin necesidad de que mi yo interno me grite por el ruido externo. He recuperado la magia de ponerme a mi primero, asumiendo las consecuencias y responsabilidades de ello, desde prepararme una cena gourmet, hasta desayunar en la cama un domingo, pasando por varias oportunidades de cursos en línea y webinars.
Así mismo, estoy sacando provecho y aprendiendo de las ventajas de la tecnología que nos permite comunicarnos con el exterior de una cierta manera más personal al poder realizar videollamadas. Siento que no he sentido esa soledad ya que con la familia hemos acordado hacer una videoconferencia diario, ese es mi momento de conexión con el exterior que se que día a día a una hora en especifico ahí están. Por otro lado he podido reconectar con amigos, personas que hace mucho no contactaba por falta de tiempo o por mil excusas, esto me ha llevado a tener mas encuentros, si bien cibernéticos, con personas que están enriqueciendo mi viaje de aislamiento. En este punto creo que debemos ser cautelosos y no utilizar este medio como una muleta para evitar la situación que estamos viviendo. El volcarnos completamente al exterior a través de los diferentes medios, nos hace perder la oportunidad de estar con nosotros mismos. El estar solo nos da la ventaja de equilibrar entre el tiempo que deseamos pasar con el exterior y el tiempo que nos regalamos a nosotros mismos y nuestras cosas.
Los dos estados son a la vez cómodos e incómodos, esa sensación se puede acentuar más dependiendo como decidimos vivir nuestro encierro. Me parece, por mi experiencia y por lo que he escuchado a mi alrededor y leído al respecto, ya sea en familia o solo, para hacerse estos momentos más llevadero y con menos implicaciones, es importante mantener una rutina. Los que vivimos solos las jornadas aislados pueden convertirse fácilmente en un caos de alimentación, de horas de sueño, de limpieza; existe el riesgo de perder el encuadre, hubo días que me encontraba desayunando a medio día y despierta hasta las 3 am. Por otro lado al estar en familia, con las nuevas actividades y la continua convivencia, existe también el riesgo de dejarse llevar por la inercia del momento y no mantener rutinas establecidas que dan una sensación más marcada de inseguridad y desorden. Si bien en el exterior y en general se vive una incertidumbre, nuestras rutinas diarias y apegarse lo más posible nos ofrecen la posibilidad de tener control sobre algo en nuestras vidas. Cuando decidí retomar mi agenda, ponerme horarios, tareas, metas, mi día tomó más sentido, había una razón para levantarme temprano y mantenerme productiva todo el día, llegando a la noche a dormir satisfecha de lo que había logrado. .

Asi mismo, ya sea solos o acompañados he podido constatar que es importante tomarnos un poco de tiempo para trabajar en nosotros mismos. El cómo estemos por dentro, se verá reflejado en cómo tratamos a las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Estos son momentos de estrés, en donde todos estamos luchando por sobrevivir, y las forma en que actuemos o hablemos puede volverse un poco más violenta sin tomar en cuenta los sentimientos de los otros. Algo que yo descubrí que me ha ayudado para tener un poco más de paz en mi vida en medio de tanto caos, es el llevar un diario de agradecimiento. Cada día o cada noche, sentada tranquilamente con mi taza de café, escribo, algunas o todas las cosas por las cuales estoy agradecida en ese momento, ya sea de lo que me pasó en el dia o de la vida en general. Pueden ser cosas tan simples, como que ya puedo hacer una sentadilla sin que me tiemblen las piernas, hasta el poder agradecer tener una taza de café para disfrutar, con buena salud y con mis seres queridos sanos. Algunos estudios sugieren que ser agradecido aumenta los niveles de felicidad y mejoran la salud. Desde que llevo mi diario me siento más satisfecha de mi vida y mi estar ahora.
He escuchado que nos tocó vivir la pandemia solos o acompañados según lo necesitáramos para nuestro crecimiento. A mí lo que sí me ha quedado claro al transcurrir los días es que en familia o solos, esto es lo que tenemos y aquí es donde estamos y punto. Nosotros somos los únicos responsables de cómo decidimos vivirlo. Yo soy responsable de vivir mi cuarentena sola enfocandome en las desventajas o bien en las ventajas, la decisión es mía.
Así que, yo decidí enfocarme en la felicidad de las pequeñas cosas que mi encierro me ha permitido vivir durante esta pandemia.





Comentarios