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Finalmente tengo la edad

  • Foto del escritor: Tere Jimenez
    Tere Jimenez
  • 13 jun 2022
  • 3 Min. de lectura

Finalmente tengo la edad en que puedo reconocer que está bien ser imperfecta, abrazar esas imperfecciones, reconciliarme con ellas y actuar desde lo que realmente soy y no desde lo que me gustaría ser o haber sido.

Finalmente tengo la edad en donde puedo soltar el control y dejar que la vida me sorprenda. Tengo una mejor comunicación conmigo misma y reconozco cuando mi cuerpo me habla: intuición. Confío en mí, yo mejor que nadie sé mi camino.

Finalmente tengo la edad en donde valoro ser una persona sumamente emocional. Dejo que mis emociones se asomen cuando lo necesitan y para lo que lo necesitan. Incluso las lagrimas no tienen que esconderse hasta que caiga la noche, salen sin pedir permiso y están presentes el tiempo que tienen que estar.

Finalmente tengo la edad de permitirme tener miedo para actuar con precaución pero no paralizarme por el temor. De sentir tristeza para apartarme del mundo y estar conmigo antes de llegar a una depresión. De permitir que el enojo me ayude a poner limites, antes de explotar en ira. De reconocer la alegría, sentirla y expresarla para no ahogarme en mis sentimientos. De sentir amor, desde el alma, sin condiciones, por el simple hecho de amar la vida.

Finalmente tengo la edad donde me reconcilié con el silencio y lo disfruto. Valoro tanto mi tiempo y mi bienestar que prefiero una copa de vino y un libro en silencio y paz, que tener que soportar el ruido de alguien o de donde no quiero estar. Aprecio el silencio acompañado, las palabras a veces sobran.

Finalmente tengo la edad en la que no es primordial estar rodeada de gente, de amigos. Tengo pocos amigos, los valoro y venero, buscando más la calidad que la cantidad. Me quedo en dónde me siento valorada, perteneciente y apreciada, de lo contrario, me siento en libertad de no estar ahí por apariencia ni conveniencia.

Finalmente tengo la edad donde las nuevas personas que entran a mi vida, son seres tan imperfectos como yo y conscientes de ello. Nos aceptamos como somos, crecemos desde lo que somos, y no buscamos apagar al otro.

Finalmente tengo la edad donde mis experiencias, vivencias y valores me permiten hablar con la verdad. Me conozco y reconozco y decido ser fiel a mi verdad. No busco imponer mi pensar, ni convencer a nadie, simplemente expreso lo que hay en mí, para el agrado o no de otros. Siempre desde el amor para ellos y para mí.

Finalmente tengo la edad donde la imagen que proyecto no es para quedar bien con otros. Me visto, me presento, me dirijo de forma que me haga sentir feliz. No soy un producto de la moda pasajera, ni el encajar en un estereotipo; al contrario, busco mi originalidad. Lo que veo en el espejo antes de salir es para mí.

Finalmente tengo la edad de utilizar los colores que me da la gana, de pintar mi mundo como yo quiera aun saliéndome de las líneas. Mis colores, mis trazos, mis dibujos, son lo que yo quiero que sean. Estoy en absoluta libertad de colorear mi realidad tal y como la percibo.

Finalmente tengo la edad en donde puedo romperme y pegarme; caerme y levantarme; bajar y subir. Conozco el camino de bajada pero también conozco el de subida y se de lo que soy capaz. Al hacer, apuesto al subir, pero si la apuesta falla y caigo, sé que hay un camino para arriba que estoy dispuesta a caminar, con todo y baches; a mi ritmo a mi tiempo.





Finalmente tengo la edad perfecta para simplemente SER


 
 
 

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