La presión de tener que hacer algo
- Tere Jimenez

- 8 sept 2020
- 4 Min. de lectura
Cursos gratis, webinars gratis, paseos al museo gratis, espectáculos gratis, aprende un nuevo idioma gratis, supérate como persona gratis... Tantas cosas por hacer y sigue llegando publicidad de como "aprovechar el tiempo" durante la pandemia. La palabra "gratis" es lo que mas resuena y nos pone presión de querer hacer todo ya que sería muy tonto desaprovechar esta oportunidad.
Me pasó, que cada correo que me llegaba con algún curso diferente o un taller o un webinar nuevo, llamaban mi atención. Me encontré queriendo saber todo de todo, sentí que era momento de hacer, sin parar. Era como una carrera para acomodar mi tiempo entre mi ya rutina diaria, el trabajo, y todos los cursos y oportunidades que tenia de ver y aprender gratis. Me era imposible abrir mi facebook sin encontrarme con una nueva oportunidad y que desde luego no podía dejarla pasar. Llego el momento que mi agenda tenia una pinta más o menos así:
11am Webinar de imagen personal
12pm Webinar de Kilos emocionales
13pm Estudiar Psicología positiva
14pm comer y mientras lo hago ver el espectáculo de Cirque du soleil antes de que lo quiten...
Y algo parecido eran también mis tardes.
Vivía pendiente del reloj y de mi agenda, que dicho sea de paso, estaba más llena que antes, saltando de plataforma en plataforma para tener acceso a todo lo que pudiera, y en el caso que no pudiera estar frente a la computadora, en el celular con audífonos mientras hacía alguna labor domestica, para aprovechar el tiempo. Era impensable el perderme la oportunidad de acceder a toda la información disponible, al final durante la pandemia se debe aprovechar el tiempo al máximo o ¿no?
Esta carrera llego al extremo de no permitirme disfrutar de lo que estaba viendo ya que pensaba en el siguiente curso, o pendiente de no perderme la siguiente webinar, o no dormirme hasta no ver un nuevo capitulo de Dark como si fuera una tarea más que cumplir, el juego era hacer lo mas posible a cualquier costo.
La palabra que zumbaba continuamente en mi cabeza era: aprovecha. Aprovecha que estas en casa, aprovecha que estas sola, aprovecha que hay tantas oportunidades, aprovecha que ahora tienes tiempo, aprovecha, aprovecha, aprovecha...
Me sentía culpable de no aprovechar esta oportunidad, de no obtener el máximo beneficio de la situación, de salir de la cuarentena sin haber terminado todas las series, libros, cursos que he tenido pendientes a lo largo de mi vida. Y esa culpa hizo que todo se transformara en obligación, ya no era disfrutar un concierto que pasaba en la tele, era sentarme reloj en mano ver el concierto pensando en la siguiente actividad que tenia que hacer.
Aprovechar el tiempo, se volvió para mi una obsesión y no podía detenerme a pesar del agotamiento que empezaba a sentir, tanto físico como mental. Y lo peor, es que me iba a dormir pensando en todo lo que no pude hacer y que debería aprovechar para hacer en estos tiempos de pandemia, como si el estrés de la enfermedad no fueran suficientes.
Así que cada noche era dormir con culpa y enojada de no haber logrado el objetivo pero prometiéndome levantarme más temprano al día siguiente para hacer más a pesar del cansancio.

La Cronopatía es la obsesión por hacer sin parar aún a costa de la salud, incluyendo el agotamiento extremo. Es estar continuamente preocupado por aprovechar todo el tiempo posible "haciendo" "produciendo" "creando", tanto así que se puede llegar a medir si tuvimos un buen día basándonos en que tan productivos fuimos. Como robots, la vida se vuelve una continua evaluación de objetivos y metas diarias; si haces, vales.
Nuestro entorno es una gran influencia en esta idea fija de hacer. Nos hemos acostumbrado a frases como "No me alcanza el tiempo... tengo prisa... tengo que apurarme... respondo mis correos mientras como..." Así que si alguien en algún momentos nos dice que esta relajado y le sobra tiempo, llegamos hasta a juzgarlo de que "no esa aprovechando el tiempo"
Vivimos en un mundo donde la velocidad y prisas son parte de nuestro día a día. El habernos tenido que frenar involuntariamente nos llevo a seguir acelerados de otra manera, llenándonos de actividades para salir "habiendo aprendido algo más de la vida" como he leído en varios artículos o escuchado en publicidades.
La sensación de tener que aprovechar el tiempo, hacer lo que no había tenido tiempo de hacer, salir habiendo creado algo más y no parecer un flojo ante los otros, nos convirtió en personas impacientes que nos cuesta disfrutar el presente, ya que siempre hay algo más que hacer
Esta condición constante de estrés por hacer cada vez más nos puede causar ansiedad e incluso síntomas depresivos al no completar todo aquello que queremos alcanzar y sentimos que "estamos perdiendo el tiempo" cuando podríamos estar haciendo algo "importante" y no simplemente tomarnos un café mientas escuchamos los pájaros cantar. Así, poco a poco vamos dejando de tener contacto con nuestro cuerpo, nuestras emociones, y olvidamos acceder a los pequeños y grandes placeres de la vida, esto solo tiene como resultado la enfermedad física y emocional
Este ajetreo y manía pueden hacer que perdamos oportunidades especiales e irrepetibles, como contemplar un amanecer, disfrutar un juego en familia, o simplemente soñar. Dejarnos maravillar por los pequeños detalles de la vida. Disfrutar de cosas tan simples como sentarnos sin hacer nada a descansar.
Descansar es una necesidad básica del ser humano, sin ella, el equilibrio físico y mental se ve alterado, y cuantas veces lo último que nos pasa por la mente es darnos ese tiempo para realmente parar y descansar.
Lo que me ha servido a mí es parar para poder observar y disfrutar, parar y salir a jugar con mis perros, parar y disfrutar mi taza de café, parar y ver a las mariposas que vienen a mi ventana... Parar y tomar consciencia de mi estar presente, me permite disfrutar de lo que estoy haciendo cuando lo estoy haciendo.
Mi agenda dejo de estar llena, ahora hasta escribo en lápiz para tener la flexibilidad de borrar y simplemente parar. Hago menos, pero al final me siento más satisfecha y siento que estoy logrando más. Al dejar de querer sacarle provecha a mis días, estos se han hecho más provechosos y llenaderos.

Incluí una nueva actividad en mi día, el no hacer nada, o como dirían los italianos: Il dolce far niente. ¿Tú te das esa oportunidad?




Comentarios