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Las dietas me comen

  • Foto del escritor: Tere Jimenez
    Tere Jimenez
  • 3 may 2022
  • 4 Min. de lectura

Hoy mientras buscaba recetas para hacer una botana "light" (ya que siempre hay alguien a dieta aparte de mi claro está) para llevar a una reunión, me di un golpe de realidad. Tengo un cajón lleno de dietas de todos tipos, corrientes alimenticias de diferentes épocas de mi vida, planes de nutrición avalados por nutriólogos, avalados por la revista Cosmopolitan y Vogue (no puedo ni pensar en que la dieta de Jennifer Aniston no me lleve a verme como ella), y varias escritas a manos que bajé de la red ya que al parecer, los consejos que leo en IG me harán ver como las autoras de los mismos. Me senté en el suelo de mi cocina y ¡me horroricé! ¿En que momento pasó todo esto?



No pan, no tortillas, más verduras, menos frutas, más proteína, menos carne, nada de grasas, puras grasas y no carbs ... Este es el resumen de lo que ha sucedido en mi cocina los últimos años. Mi refri y mi alacena llenos de alimentos que están en la lista aprobada por algún papel, y la puerta cerrada a aquellos alimentos malos que no llegaron a ser aprobados por los autores de las distintas dietas. Mientras leía el resumen de mi vida alimenticia, no pude dejar de cuestionarme, y de esto que leo, que es lo que realmente a mi me gusta, o ¿Es que eso no importa realmente? Esto sin entrar en los duros detalles de su efectividad en corto y largo plazo, mejor no tomar esa ruta sin salida.

Así como en algún momento lo dijo sabiamente Homero Simspon "no vives de Ensalada", yo también he comido, y sigo comiendo, de esos frutos prohibidos de las listas negras sintiéndome tan culpable que no sé si acaba siendo más grande el chocolate o la culpa que me devoro de un bocado. Pensándolo a fondo, con precisión no sabría decir a que sabe la golosina del pecado, ya que el único sabor que me queda en la boca al final es el de la culpa, arrepentimiento, enojo, recriminación... todos esos adjetivos que no saben para nada dulces ni me hacen sentir satisfecha y en paz.



Todos estos papeles que saltaron del cajón, representan el como me he tratado todos estos años, con restricción, enojo, limites, podría llegar a decir que hasta invalidando mis deseos y necesidades. Si alguien más decía que en luna llena solo debes tomar agua caliente para nivelar tu cuerpo, sin dudarlo me pasaba todo el día tomando agua, sin escuchar lo que mi cuerpo realmente me estaba pidiendo, tomar solo agua caliente porque eso dice la dieta, y por lo que vi en esa colección, esos papeles se volvieron la ley, mi ley.


En un articulo publicado en Aristegui Noticias en 2016, 8 de cada 10 Mexicanos "dice" estar a dieta".

México, en Latino América es uno de los países donde más gente por "convicción" se pone restricciones al hacer dieta; sin carbs, sin azúcar, sin grasas, vegetariana, vegana... Muchos lo hacen por moda, o porque es la dieta que esta más a la vanguardia y otros lo hacen ya por razones médicas. En otro articulo, "La ciencia del peso", publicado por el Nutrition Journal, explican que la amenaza más grande para la salud no es el sobrepeso, sino las fluctuaciones en el mismo. Es decir, hacemos dieta, bajamos de peso, dejamos la dieta, subimos de peso, volvemos con otra dieta, bajamos diferente de peso... y así por los siglos de los siglos. Esto tiene muchas afectaciones principalmente a nuestro corazón y órganos digestivos, sin contar que con cada dieta nos privamos de algunos nutrientes y exageramos en otros lo cual a la larga va a tener repercusiones. Pareciera que al leer esto lo mas fácil es decir: pues ya no hago dieta y ya esta. La realidad es que alejarse de esa cultura no es tarea fácil. La dieta no solo es solo una restricción alimentaria, para muchos es un estilo de vida, y aquí me incluyo. Te da un sentimiento de pertenencia y de compartir, eres parte de algo. Para mí significa compartir con otros y sentirme incluida, indudablemente en una reunión de amigas, el tema dieta, es de una u otra forma objeto de charla y discusión, ayer incluso con mi estilista hablamos de como logro dejar el azúcar y cuantos kilos ya perdío. No imagino como es admitir que no creo en las dietas, y que como lo que quiero cuando quiero y estoy sana, el juicio y las miradas inquisitivas de los otros no me dejarían disfrutar mis tres uvas que me permito comer en las reuniones. El no estar a dieta o no hacer de eso un tema en tu vida es un camino desolado y confuso, no muchos estan dispuestos a caminar. Yo sigo luchando con eso: con el concepto dieta y no dieta, con el permitirme escuchar la sabiduría de mi cuerpo vs el hacer lo que otros dicen. Al ver toda mi enciclopedia de dietas me siento más perdida aún. Así como en la película Encanto, en donde no se habla de Bruno, será que en esta cocina ¿tampoco se habla de dietas? No sé.

Si pensaste que este era un texto que te diría cómo y por dónde y con respuestas, siento desilusionarte, porque no tengo la más mínima idea, simplemente no sé. No sé si voy a dejar de lado mis dietas, no sé si voy a dejar la idea del peso de lado, no sé si voy a confiar completamente en mi sabiduría interna para comer. Lo único que te puedo decir es que estoy dispuesta a probar esta forma nueva para mí: escuchar a mi cuerpo y darle de la forma más amorosa lo que necesita, no sólo en alimentación, sino también en mimos, atención, aceptación y cuidado.

Por lo pronto, el dia de hoy, las dietas volvieron al cajón, dentro de un libro, abajo de todas las garantías nunca llenadas de los utensilios eléctricos, no voy a seguirlas por el momento, pero es como mi salvavidas por si en algún momento quiero consultar algo, sé que tengo una garantía.



Y ¿Tú? ¿Cúantos años llevas a dieta sin preguntarte que necesitas o que quieres?



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